1. El engaño de las expectativas

El actor británico Alec Guinness (1914-2000) fue raramente reconocido en público.

En una de las historias que contaba sobre sí mismo, Guinness relató que, cierta vez, dejó en el guardarropa de un restaurante su sombrero y su abrigo y pidió el resguardo.

—No será necesario —le dijo el camarero, dándole a entender que le había reconocido.

Más tarde, acabada la comida, cuando Guinness se acercó a recuperar su abrigo, metió la mano en uno de sus bolsillos y encontró un trozo de papel, comprendió su error: en él simplemente ponía: «Calvo con gafas».

El engaño de las expectativas no es más que la tendencia a atribuir a los demás nuestras percepciones y convicciones, y esperar de ellos nuestras mismas acciones y reacciones.

—¿Por qué diablos no sube la tapa del váter? ¿No se da cuenta que de esa manera lo ensucia todo?

Si partimos de la base de que a cada persona hay que darle de comer aparte, esperar que que piensen-actúen-sientan como uno mismo es una manera de asegurar el Big Drama.

Aún así, tiene su lógica.

Llevamos mucho tiempo creando NUESTRA VERDAD del mundo como para ponerse a pensar en otras verdades de la vida.

Eso sí, la desilusión (o el sufrimiento) no te lo quita nadie.

«La situación se vuelve trágica cuando, al tomar decisiones importantes o verse frente a situaciones de riesgo o de gran implicación afectiva y emotiva, esperamos que los demás hagan exactamente lo mismo que haríamos nosotros en su lugar»

Pero espera que hay más.

No necesitas a los demás para untarte de amargura, también te lo puedes montar tu solo.

¿Qué ocurre cuando te levantas un día lleno de energía con una emocionante lista de 15 cosas por hacer y a la que te das cuentas ya es hora de comer, no has terminado ni la primera tarea de la lista y lo mejor que se te ocurre es ponerte a ver una serie?

¿Qué nos está pasando?

¡Que nos ponemos más tiesos que el palo de una fregona!

Traducción: «tenemos una escasa capacidad de adoptar puntos de vista diferentes a la hora de evaluar la realidad».

Nos aferramos con vehemencia a clavos ardientes y sonreímos a cámara.

«Quedamos atrapados a convicciones y creencias que nos transmiten seguridad cuando en verdad, como hemos visto, no se trata sólo de elecciones conscientes: la mayoría de las veces son posiciones adoptadas según percepciones y sensaciones no propiciadas por la razón, sino por las emociones del momento o por la asociación, a menudo inconsciente, con experiencias precedentes»

¿Qué podemos hacer para no caer en el engaño de las expectativas?

El autor del libro, el psicoterapeuta Giorgio Nardone, propone lo siguiente:

«Para salir de esta psicotrampa es necesaria una actitud mental que evite su formación, o lo que es lo mismo, es necesario observar la realidad a través de la mirada de los demás y no sólo de quien se encuentra más cerca de nosotros y, sobre todo, hay que evitar aferrarse a la propia perspectiva como si fuera la única y la mejor».

Y poner este mantra de fondo de pantalla:

«Compórtate siempre de manera que aumentes tus posibilidades de elección».

Heinz von Foerster

Volviendo a la rigidez del palo de fregona, la idea es hacer como aquel típico truco de magia que nos enseñaron de pequeño donde el lápiz parecía de goma.

Ya sabes, ante las expectativas, un poco de meneo.

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