2.2 La obsesión por comprenderlo todo es contraria al placer.

Con 14 años cayó enfermo.

Estuvo durante un mes postrado en una cama.

Su tía le grabó en una cinta de cassette el Concierto para dos violines de Bach.

Pidió un cuaderno de pentagramas y un poco de tranquilidad.

Tenía una labor por delante: desentrañar el milagro de esa obra musical, entender de alguna forma por qué aquello le fascinaba tan profundamente.

Terminó destrozando la cinta de tanto usarla para transcribir todas las partes de la obra, cada nota, de cada instrumento.

Tuvo la misma suerte que la lavadora de juguete.

Aquello lo recuerdo como la mayor experiencia estética de mi vida —me contaba. No tenía otra cosa que hacer. Yo quería descubrir el milagro de esa obra. Y después de un mes de trabajo brutal… vi que no estaba. ¿Dónde está el truco? ¿Dónde está el origen de mi conmoción?

No está.

Te podrás acercar más o menos al misterio de las cosas pero no llegarás a tocarlo.

Te quedarás a un milímetro.

Y eso es muy buena noticia.

En una entrevista al escritor David Trueba dijo:

«Creo que cometemos el error de pensar que tenemos que entenderlo todo. Hay mucha gente que dice que no le gusta un libro o una película porque no lo ha entendido; yo creo que es todo lo contrario. El hecho de no entenderlo debe ser un mayor reto».

La obsesión por comprenderlo todo en todo momento es contraria al placer.

  • ¿Y no podría ser lo inalcanzable el origen del arte?
  • ¿No podría ser al acto creativo una vía para devolver el placer a lo inexplicable?

Si nos dejamos llevar a veces por la ilusión de encontrar la última y definitiva verdad de las cosas no pierdas de vista cómo acabó la lavadora de juguete o la cinta de cassette.

Disfruta de dar pasos en el vacío.

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