6. Coherencia a toda costa

Recuerdo un ejercicio que hice una vez que me dejó loco.

Escribí una carta explicando cosas sobre mí.

Lo siguiente era guardarla en un sobre y abrirla pasado un tiempo.

Unos meses o un año.

Cuando volví a leer la carta se me cayeron en el suelo eso que te imaginas.

¡¡¡¿PERO QUIÉN ES ESTA PERSONA?!!!

No me reconocía para nada y hasta me caía un poco mal.

Esto me hizo ver que cuando te dicen aquello de «no cambies nunca, sigue igual» es algo totalmente imposible de satisfacer (y menos mal).

Ya te lo dijo un griego hace un porrón de años:

«En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]»

Heráclito de Efeso.

Y a pesar de que nuestra fidelidad a lo que somos dura menos que la canción del verano, albergamos un impulso de querer mantener las cosas tal y como son.

«Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré» que cantaba Alaska (y tú en la verbena del pueblo a las 4 de la mañana cuando todavía podíamos juntarnos y liarla).

¿Por qué?

Demos la bienvenida al principio de coherencia y con él a todos los ingredientes necesarios para la tormenta más bonita del mundo: aquella en la que, por un lado, no podemos evitar cambiar y por el otro queremos mantenernos intactos, sin cambios.

(aplausos)

¿Recuerdas aquella frase revolucionaria de «Prefiero morir de pie que vivir arrodillado»?

Algunos se la atribuyen al Che Guevara, otros a Emiliano Zapata, pero independientemente de su autoría, muestra la obstinación con la que algunos defienden sus posiciones en nombre de la virtud de la coherencia.

Otros ejemplos los puedes encontrar en la historia de las grandes religiones.

¿Conoces la historia de San Sebastián?

Llevaba una doble vida.

Por el día militar y por la noche predicador católico.

Visitaba y alentaba a otros cristianos encarcelados por causa de su religión.

Acabó por ser descubierto y denunciado al emperador Maximiano, quien lo obligó a escoger entre su condición militar y su fe religiosa.

Pero el tío Sebas lo tenía claro: cristiano hasta la muerte (y más allá).

El emperador que tenía la piel muy fina se ofendió y lo amenazó de muerte.

Pero él erre que erre.

Enfurecido, lo condenó a morir.

Los soldados del emperador lo llevaron al estadio, lo desnudaron, lo ataron a un poste y lanzaron sobre él una lluvia de flechas, dándolo por muerto.

Pero como un gato que tiene siete vidas, Sebastián de Milán salió con vida del juego de dardos donde él era la diana. Una cristiana romana (Irene) lo mantuvo escondido y le curó las heridas, hasta que quedó restablecido.

Todos sus amigos le aconsejaron que se largara de Roma, demasiada suerte había tenido ya.

Pero la coherencia le pudo más y Sebastián se negó rotundamente.

Se presentó ante un emperador desconcertado, ya que lo daba por muerto, y le reprochó enérgicamente su conducta por perseguir a los cristianos.

Maximiano mandó que lo azotaran hasta morir, y los soldados cumplieron esta vez la misión sin errores. Este gato tenía solo dos vidas. Murió en el año 288.

Ver a alguien como defiende sus principios puede ser algo totalmente admirable e inspirador.

Tanto es así que es muy probable que te hayas sorprendido a ti mismo simpatizando con el asesino en serie de una peli sencillamente porque era consecuente con sus actos.

Vale, vale, pero… ¿en qué momento se empieza a torcer la cosa?

Cuando la coherencia pasa de ser un instrumento útil de la lógica o una forma de defensa de nuestras ideas y nuestros principios para transformarse en un procedimiento dogmático, nos vuelve rígidos e incapaces de adaptarnos de modo flexible a los cambios de la realidad.

Giorgio Nardone

Ahora mismo (12/2020) atravesamos un tremendo momento donde la coherencia de nuestras creencias se ha visto sacudida sin previo aviso.

Seguro que tus ideas ya no te las planteas de la misma forma.

Eso es flexibilidad.

Un ejemplo claro de adaptación es la digitalización de nuestros talentos.

Muchos proyectos, empresas o negocios están cayendo por permanecer fieles al «siempre lo hemos hecho así«.

La coherencia a toda costa es, por tanto, un asunto que no encaja con muchas de las realidades que vivimos. (…) La coherencia absoluta pertenece a otro mundo, no al de los humanos.

Giorgio Nardone

Somos como el Barco Vikingo de la feria, fluctuamos sin cesar entre nuestras pasiones, tormentos, éxitos, fracasos, desilusiones… «exaltados por el amor o aniquilados por el rechazo».

¿Qué podemos hacer para prevenir esta psicotrampa?

  • Déjate en paz (y a los demás también): aprende a aceptar las incoherencias ajenas y las propias, y evita erigirte en inquisidor de los demás y de ti mismo por no ser coherentes.
  • Empieza a dejarte seducir por querer hacer (sentir, pensar) algo y lo opuesto al mismo tiempo. Apiádate de la ambivalencia, la contradicción o lo paradójico. Llevan mucho tiempo siendo denigradas por el sentido común, es momento de dejarles su espacio para que respiren.

Pretender suprimirla (la ambivalencia) es como intentar meter un gato en un saco: arañará, morderá, y una vez libre no habrá quien lo maneje, mientras que podemos domesticarlo y hacernos sus amigos si respetamos su característica de ser incoherente a veces y por tanto de estar fuera de nuestro control racional.

Giorgio Nardone
@inkoherente

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