La Sala de los Rechazados y cosas locas del dinero

Entre 1748 y 1890 fue el acontecimiento artístico anual o bienal más importante del mundo.

El Salón de París, la exposición de arte oficial de la Academia de Bellas Artes de París.

142 años en el podio del arte.

Los artistas de la época buscaban lo que todo buen artista: reconocimiento y money.

Todos intentaban ser elegidos para que sus obras se expusieran en el Salón de París pero cada año se presentaban más artistas y el salón no daba pa más.

El jurado empezó a cortar por lo sano y muchas de las obras se rechazaron.

Para 1830 ya existía un salón en el cual se exponían las obras de aquellos artistas que no cumplían con los puntos a destacar por parte de los jurados, pero el jaleo vino después.

Concretamente en 1863 fueron rechazadas más de 3.000 obras y los artistas se rebelaron.

Al ver el lío que se estaba formando, Napoleón III (the president) tomó la decisión de crear un espacio anexo al Salón donde las obras fueran aceptadas, el Salón de los Rechazados (Salón des Refusés).

Lo cachondo del asunto es que algunas de esas obras rechazadas hoy tienen lo que no le dieron en su momento: reconocimiento y money.

Artistas que pasaron por el Salón de los Rechazados: Édouard Manet, James McNeill Whistler, Courbet y Cézanne (solo conozco a este último).

Y más cachondeo: el Salón des Refusés dio inicio a dos acontecimientos importantes en la historia del arte: el nacimiento del impresionismo y la llegada de la modernidad, además de la creación del salón de los independientes (caracterizado por la ausencia de jurado y de recompensas monetarias).

Toma que toma.

Resumen: me rechazas, creo mi propia sala de exposición con mis obras e inventamos unos de los movimientos artísticos más importantes de la historia. Ole y ole.

¿Qué podemos sacar de aquí?

  • Del rechazo pueden salir otras cosas y, a veces, hasta mejores.
  • Cuando se cierra una puerta, se abre una ventana.

Sobre el papel suena bien.

El otro día en una consultoría hablamos de ese jodido momento cuando te rechazan un proyecto, un trabajo o simplemente te dicen que NO.

NO.

Es difícil porque uno espera que las cosas salgan.

Pero a veces no salen.

Le dije un truco para decepcionarse mejor a la próxima que es muy probable que no te sirva pero por si las moscas lo dejo por aquí:

«Hasta que no veas que en tu cuenta bancaria está el dinero de la otra persona/empresa no te creas nada, puede pasar cualquier cosa. Será real cuando la transferencia haya llegado a tu destino».

Otro cambio de chip que a veces ayuda en una negociación es pensar que eres tú quien elige al cliente y no al revés.

Si le das todo el poder al otro estás en una posición muy jodida antes de empezar.

También le comenté «la regla del 9» que aprendí de un libro de cómo escribir una comedia.

Hubo tiempo para tocar el tema de los precios y del valor de las cosas…

Ay, ay, ay

Siéntate que vienen curvas.

Me pasó algo hace poco.

Me contacta un nuevo posible cliente.

Hablamos un rato y la cosa parece que fluye (oro parece, plata no es…).

Literalmente escuché «vamos a trabajar juntos» (aún no habíamos hablado de dinero).

Seguimos hablando.

Todo bien.

Me dispongo a enviar el presupuesto…

Primera respuesta: «Me parece un poco caro».

(Propongo pagar en dos plazos)

Mensaje de whatsapp: «¿Me mandas ejemplos de tu trabajo?»

— No, cada proyecto es un mundo.

Hablamos por teléfono: «Es que no tenemos dinero ahora»

Seguimos hablando…

«Vale, te acabo de hacer la transferencia ahora de todo, te mando el justificante…»

¿Tú lo entiendes?

Yo tampoco… lo que está claro es que la percepción sobre el dinero no sigue ninguna lógica racional… (Pienso luego hago lo que me da la gana).

Otra cosa clara: el precio de lo que vendes no es lo más importante aunque lo pueda parecer todo el rato.

¿Te ha pasado alguna situación similar?

Nos vemos,

Cento Carbó


Salon des Refusés – Wikipedia, la enciclopedia libre

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