Una historia ilegal sobre mí

Cuando tenía 14 años teníamos en casa un aparato llamado RDSI (Red Digital de Servicios Integrados).

Esa cosa con nombre aburrido era la evolución del famoso módem 56k, aquel que hacía unos ruidos muy extraños para conectarse a internet.

Estamos hablando de los alrededores del año 2000…

Bien.

Pues el RDSI no hacía ningún ruido raro, se conectaba enseguida y era bastante más rápido.

Y quise aprovechar aquella ventaja.

Como todo adolescente que se precie, la música era mi refugio natural donde ahogar mis penas y compartir mis alegrías.

¿Y qué hace un adolescente flipado de la música con una conexión a internet más rápida?

Pues eso, bajar música día y noche. A todo trapo.

No sé cómo no quemé el ordenador.

Al principio descargaba música para mí pero cuando empecé a contarlo se corrió la voz y la gente me pedía discos de sus artistas favoritos.

Yo los grababa en un CD y escribía el nombre del artista y del álbum a mano.

Luego me empezaron a preguntar si podía imprimir la carátula del disco a color y así mejoré el producto (y subí el precio).

Cosa fina.

Creo que pedía entre 3 y 5 euros por disco, según el acabado.

Lo que costaba entonces una entrada al cine en esa época (!!).

Al final aquello terminó, como esos amores eternos que se acaban.

¿Por qué te cuento todo esto?

En esta breve historia hay 4 ideas para empezar a crear tu proyecto profesional:

  • Reconocer y experimentar tu ventaja, eso en lo que eres bueno y te gusta hacer.
  • Empezar a contarlo. Crear un mensaje singular que despierte la atención de tu gente.
  • Escuchar y crear algo que la gente quiera. Obvio, ¿no?
  • Mejorar lo que ofreces para generar un modelo de negocio sostenible a largo plazo (a menos que quieras montar una ONG).

Esto me lleva a otra idea.

Muchas veces no es suficiente con tener claro lo que te gusta hacer, hacerlo y pasártelo bien (si lo que quieres es vivir bien de lo tuyo).

Es un primer GRAN PASO, cierto es.

Yo mismo me peleé por saber cuál era mi talento y mi propósito de vida durante un buen rato hasta que me di cuenta (y me enseñaron) que no tenemos demasiado control sobre eso, que es totalmente aleatorio lo QUE terminamos haciendo y que sobre lo que podemos decidir es DESDE DÓNDE lo hacemos, CÓMO lo hacemos.

Tú pones el talento, yo te ayudo con el «otro»:

El de convertir lo que te gusta hacer en una fuente de alegría… y de economía.

Libre de subvenciones (que no de impuestos…).

Adaptada a la forma de trabajar y vivir que quieres.

Poniendo la tecnología a tu servicio (y no al revés).

PD: lo que dice Will Smith sobre el talento…

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